29/10/2025
En un escenario político y económico complejo, marcado por crisis recurrentes y el creciente desencanto social, muchos nos preguntamos cómo es posible que Javier Milei junto a la La Libertad Avanza alcanzaran un resultado electoral histórico en las elecciones legislativas de 2025, obteniendo cerca del 41% de los votos y consolidándose como la primera fuerza del Congreso argentino, cuando si nos remontamos hacia los inicios de su recorrido político, parecía casi imposible que ganara voz. Este fenómeno demanda una lectura profunda sobre las razones del respaldo popular y a su vez,las incógnitas que enfrenta el nuevo liderazgo en la construcción del poder institucional.
El contexto en que se dio este triunfo es crucial para entender por qué un discurso ultraliberal y reformista logró captar amplios sectores, rompiendo barreras desde las diversas situaciones económicas hasta inclusive las ideologías propias de cada ciudadano.
Argentina llegó a este proceso electoral con una inflación que había sido, durante años, uno de sus principales males sociales y económicos. Sin embargo, en los meses previos a las elecciones, se registró una desaceleración significativa en la tasa inflacionaria, que se tradujo en un menor impacto negativo en el poder adquisitivo de los ciudadanos y un margen de lo que podría interpretarse como estabilidad para la economía del país
El destacado analista económico y periodista Carlos Pagni ha interpretado esta desaceleración inflacionaria como un factor central en la victoria de Milei. Para Pagni, la inflación argentina ha sido por décadas una "enfermedad anacrónica" con consecuencias sociales devastadoras, y su reciente control parcial, aunque frágil, abrió una ventana de esperanza en la población. Según su análisis, esta estabilidad de precios alentó a muchos votantes a apostar por La Libertad Avanza no particularmente por sus ideas radicales sino que a pesar de diferir con ellas identificaron en este cambio con la inflación una posibilidad para cambiar el rumbo económico del país.
Sin embargo, este rotundo éxito electoral también trae consigo enormes desafíos. Pagni enfatiza que más allá del resultado numérico, la verdadera prueba estará en la capacidad de Milei para construir un liderazgo político cohesivo y racional, a pesar de la dinámica de confrontación permanente por conflictos de poder entre sus propios integrantes, que reflejan la crisis de gobernabilidad política en el seno de LLA. Tendremos que estar atentos a cuán capaz de traducir el apoyo popular en iniciativas legislativas y en gestión ejecutiva puede llegar a ser y cómo se dará la organización interna del partido junto a la articulación con otros espacios políticos, que, sabemos, serán determinantes para la gobernabilidad en los próximos dos años que restan de gobierno.
En cuanto al panorama político, el peronismo, fuerza tradicional predominante en Argentina, quedó relegado a un segundo lugar con poco más del 32% de los votos, lo que implica un desafío enorme para los dirigentes y hace explícita la necesidad de una autocrítica y reforma para no perder más terreno frente al avance de nuevas fuerzas políticas que se presentan como alternativas decididas a romper con ciertas estructuras. Mientras tanto, la izquierda tuvo por primera vez en mucho tiempo un resultado significativo. Myriam Bregman, candidata a diputada nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, alcanzó un histórico 9% de los votos en esa jurisdicción, quedando incluso por delante de Martín Lousteau. Además, el Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad, logró consolidar su representación en el Congreso con tres bancas: Myriam Bregman en CABA, y Nicolás del Caño junto a Romina del Plá por la provincia de Buenos Aires, reafirmando así su crecimiento y su rol como tercera fuerza en esas áreas. Este resultado refleja también un avance significativo de la izquierda como actor relevante en el escenario político nacional
El escenario económico tuvo además un componente internacional relevante, ya que el dólar estadounidense, principal referencia para la economía argentina, experimentó una relativa estabilidad debido a la intervención y apoyo de Estados Unidos, que en parte es también atribuido al creciente vínculo de nuestro presidente con Donald Trump, portada de cercanía y admiración por aparentemente, ambas partes. El apoyo total de nuestro gobierno por parte del presidente de tal potencia mundial no es algo menor. Este factor contribuyó a generar confianza en un mercado acostumbrado a la volatilidad cambiaria, reforzando indirectamente la imagen positiva que Milei pudo capitalizar electoralmente.
Sin embargo, hay incomodidad e incertidumbre. Mucha gente no termina de descifrar cómo esta victoria avasallante fue posible en el marco de tantos escándalos y controversias.
Hasta pareciera que la memoria colectiva ha decidido ser selectiva, dejando de lado aquellos alborotos que han estado marcando la gestión presidencial hasta ahora. Más que un olvido pasivo, esto responde a un fenómeno evidente: el regreso del mandatario a sus raíces más emblemáticas y estruendosas. Entre muecas y gritos, y reclamos vehementes en ese despliegue casi teatral, en esa entrega total a la rabia y la pasión desbordada, enunciados bajo el pretexto del anhelo de un país mejor, una nación que pueda “nuevamente” ser espectacular, el presidente parece haber encontrado la fórmula para distraer la atención y recuperarse en la estima de quienes alguna vez confiaron en él. Lo desciframos, es más evidente que nunca; el ruido y el espectáculo no solo cumplen una función comunicacional, sino que parecen ser el refugio elegido para superar el desgaste que traen las acusaciones y cuestionamientos, convirtiendo esta emblemática y distintiva locura en una especie de escudo, una máscara que resguarda más eficazmente que cualquier defensa formal. Milei, antes que el presidente “chorro” o corrupto, prefiere ser “ el loco”. En definitiva, esta estrategia funciona para sus bases, que parecen resignadas o incluso cómodas con esta forma de liderazgo que da lugar a la emotividad y el choque por sobre la racionalidad,la transparencia o inclusive la responsabilidad.
Entre la alta abstención, que superó el 30% del padrón electoral, y el desgaste de lo que pensábamos e identificamos como fuerzas tradicionales, Milei emerge como la alternativa que representa nuevamente la esperanza de una renovación económica y política, basada en un mensaje claro contra la inflación y la intervención estatal. No obstante, la gestión política y administrativa que lleve adelante será fundamental para que esta esperanza no se transforme en más frustración del pueblo Argentino.
En definitiva, el triunfo de Javier Milei es un fenómeno que combina un cambio en la dinámica económica, con la inquietud social y la urgencia política de una Argentina que busca soluciones para crisis viejas y nuevas. El desafío, ahora, es que este respaldo democrático se traduzca en reformas de fondo, impulsadas por un liderazgo capaz de articular consensos y gestionar las tensiones de una sociedad polarizada.
La capacidad de Milei y su grupo político para consolidar esa racionalidad política y liderazgo será la clave que defina si la “Argentina grandiosa” que prometen es una realidad posible o una utopía que no se cansaron de vendernos.