La rivalidad entre Estados Unidos y China se profundiza, esta vez por la tecnología
Estados Unidos y China profundizan su disputa por el control de la tecnología y el comercio global, con los semiconductores y la inteligencia artificial como ejes centrales. La tensión se agrava por la situación en Taiwán, mientras ambos gobiernos mantienen contactos para evitar una escalada.

Escribe: Victoria Basualdo

La rivalidad entre Estados Unidos y China se profundiza, esta vez por la tecnología

Foto por Atlantic Council

05/02/2026

El foco principal de esta rivalidad es la industria tecnológica, especialmente los semiconductores y la inteligencia artificial (IA), sectores que Estados Unidos considera clave para su liderazgo económico. Washington ha expandido controles a la exportación de tecnología avanzada, restringiendo el acceso de empresas chinas a chips de última generación y equipos relacionados con IA y computación cuántica, en un intento por frenar el avance tecnológico de Pekín. Por su parte, China impulsa una estrategia de autosuficiencia y desarrollo tecnológico doméstico que busca disminuir su dependencia de proveedores extranjeros, al tiempo que promueve iniciativas de cooperación con otros países del sur global. Sin embargo, esta dinámica ha generado espacios de negociación parcial y acuerdos puntuales, como los pactos comerciales con países aliados.

Estados Unidos y Taiwán han firmado un acuerdo comercial histórico que reduce aranceles sobre gran parte de los productos taiwaneses a un 15 % y promueve inversión directa en la industria tecnológica estadounidense. Bajo el pacto, empresas de Taiwán acordaron invertir al menos US $250 mil millones en sectores como semiconductores, IA y energía en Estados Unidos, con incentivos para establecer parques industriales y centros de producción dentro del país norteamericano. A cambio, Washington facilitará la expansión de las operaciones taiwanesas y ofrecerá tratamientos arancelarios favorables a los productores que aporten a fortalecer la manufactura interna de chips. Este acuerdo, celebrado por las autoridades de Taiwán como una profundización de la cooperación estratégica, ha sido visto como una forma de reconfigurar la cadena de suministro global de semiconductores y reducir la vulnerabilidad tecnológica estadounidense. Sin embargo, el pacto también puede irritar a China, que considera a Taiwán parte de su territorio y ha protestado enérgicamente por cualquier acción que percibe como apoyo militar o económico externo al gobierno de la isla.

El dominio de Taiwán en la producción de semiconductores avanzados, que en gran parte del mundo se concentra en la isla, es un elemento central de la disputa. Se estima que para 2027 Taiwán seguirá produciendo una gran proporción de los semiconductores más sofisticados, a pesar de los incentivos estadounidenses para atraer parte de esa producción al territorio estadounidense. Empresas como TSMC, líder global en fabricación de chips, ya han anunciado inversiones significativas en plantas en Estados Unidos, pero las autoridades taiwanesas han rechazado propuestas extremas como trasladar la mitad de la producción de chips al país norteamericano, señalando que no negociaron ese tipo de compromisos y prefieren mantener la mayoría de sus operaciones en casa. La concentración de tecnología crítica en Taiwán crea un “escudo de silicio” que complica aún más las relaciones entre Washington, Pekín y Taipei.

La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China se extiende más allá de los semiconductores a áreas como las redes 5G, la IA y otras tecnologías emergentes. Washington ha incorporado a numerosas empresas chinas a su lista de exportación restringida, lo que limita la capacidad de esas firmas para acceder a componentes críticos y servicios avanzados, en una estrategia que busca proteger la supremacía tecnológica estadounidense. China, por su parte, ha respondido promoviendo su propia innovación interna y alianzas estratégicas a través de plataformas multilaterales como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái, con la intención de consolidar independencia tecnológica y contrarrestar las presiones externas. Si bien estos controles no han detenido el avance tecnológico chino, sí han elevado los costos y forzado a Pekín a redoblar sus esfuerzos para desarrollar capacidades domésticas en áreas estratégicas.

Líderes de ambas potencias han mantenido conversaciones, incluido un diálogo planeado entre Donald Trump y Xi Jinping, para intentar estabilizar y gestionar aspectos de la relación bilateral, desde el comercio hasta la seguridad digital y la cooperación económica.

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