Estados Unidos reactiva su interés por Groenlandia
La disputa por Groenlandia volvió a ocupar un lugar la agenda internacional tras nuevas declaraciones del gobierno de Estados Unidos sobre su interés estratégico en la isla.

Escribe: Victoria Basualdo

Estados Unidos reactiva su interés por Groenlandia

Foto por reuters

07/01/2026

Groenlandia es el territorio insular más grande del mundo y posee un estatus de autonomía, aunque continúa bajo soberanía del Reino de Dinamarca. Desde 1979 cuenta con autogobierno, pero la política exterior y la defensa dependen de Copenhague. Su ubicación en el Ártico la convierte en un punto clave para el control militar y las rutas intercontinentales. Además, el avance del deshielo ha incrementado el interés global por sus recursos naturales. Bajo este contexto, el territorio volvió a ser foco de tensiones diplomáticas.

El interés de Estados Unidos en Groenlandia no es nuevo y se remonta a la posguerra. En 1946, Washington ofreció comprar la isla por unos 100 millones de dólares, propuesta que fue rechazada por Dinamarca. Durante la Guerra Fría, EE. UU. consolidó su presencia militar en la región mediante acuerdos bilaterales. Actualmente mantiene la base aérea de Pituffik, clave para la defensa antimisiles y la vigilancia del Ártico. Esa infraestructura sigue siendo central para la estrategia de seguridad estadounidense. El interés histórico se ha intensificado con el avance de Rusia y China en el Ártico.

En las últimas semanas, el presidente Donald Trump volvió a plantear públicamente que Groenlandia es una prioridad para la seguridad nacional de Estados Unidos. Desde la Casa Blanca se mencionó la posibilidad de ampliar el control político y militar sobre la isla. Incluso se debatieron alternativas como acuerdos directos con el gobierno groenlandés, al margen de Dinamarca. Algunas declaraciones oficiales no descartaron el uso de presión diplomática para avanzar en ese objetivo. Estas afirmaciones generaron preocupación entre aliados europeos. El tema volvió a instalarse como un conflicto sensible dentro de la OTAN.

La respuesta de Dinamarca y de las autoridades de Groenlandia fue inmediata y contundente. Ambos gobiernos rechazaron cualquier intento de compra, anexión o control externo del territorio. Desde Nuuk afirmaron que el futuro de Groenlandia solo puede ser decidido por su población. Dinamarca reiteró que la isla no está en venta y que su soberanía no es negociable. Al mismo tiempo, solicitaron reuniones diplomáticas con funcionarios estadounidenses para abordar la situación. El objetivo fue desactivar la escalada retórica y reafirmar los límites legales existentes.

En la isla conviven sectores que impulsan una mayor autonomía económica y otros que plantean la independencia plena de Dinamarca a largo plazo. Sin embargo, el gobierno local aclaró que cualquier avance en ese sentido debe darse sin presiones externas. La economía groenlandesa depende en gran parte de subsidios daneses, lo que condiciona los márgenes de decisión política.

La reacción europea fue de respaldo explícito a Dinamarca y a la autodeterminación de Groenlandia. Varios países de la Unión Europea expresaron su apoyo a la integridad territorial danesa. Funcionarios europeos advirtieron que una acción unilateral de Estados Unidos podría dañar seriamente las alianzas occidentales. También se señaló el riesgo de abrir un precedente peligroso en materia de soberanía. La OTAN observó el conflicto con cautela por tratarse de tensiones entre países miembros. Lo sucedido con Maduro suma más preocupaciones, ya que Trump pareciera haber juntado más coraje tras su éxito con la captura del dictador venezolano.

La disputa por Groenlandia se explica por una combinación de factores estratégicos, económicos y climáticos. El deshielo del Ártico abre nuevas rutas marítimas y facilita el acceso a minerales críticos. Groenlandia posee reservas de tierras raras, uranio y otros recursos clave para la transición tecnológica. Su posición geográfica la vuelve central en la competencia global por influencia en el norte del planeta. Estados Unidos busca reforzar su presencia frente al avance de otras potencias. Mientras tanto, Dinamarca y Groenlandia insisten en que cualquier decisión debe respetar el derecho internacional.

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