12/03/2026
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en su tercera semana con nuevos ataques. Las hostilidades comenzaron el 28 de febrero con bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra instalaciones militares y estratégicas iraníes, lo que desencadenó represalias de Teherán con misiles y drones contra objetivos regionales. Desde entonces, la confrontación se extendió a varios países del Golfo y a rutas marítimas clave para el comercio energético. Los ataques también alcanzaron infraestructura petrolera y bases militares en distintos puntos de Medio Oriente. La intensificación del conflicto provocó una rápida caída del tránsito marítimo en el Golfo Pérsico. La situación generó una crisis energética global por la interrupción de rutas fundamentales de transporte de petróleo.
Uno de los principales focos de la crisis es el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde normalmente circula cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. Tras los ataques y amenazas iraníes contra embarcaciones comerciales, el tránsito de petroleros se redujo drásticamente y numerosas compañías navieras suspendieron operaciones en la zona. Cientos de barcos permanecen detenidos o desviados para evitar ataques mientras continúan las operaciones militares en la región. La interrupción del paso por el estrecho generó la mayor disrupción del suministro energético desde las crisis petroleras del siglo XX. El cierre efectivo del corredor marítimo también afecta el transporte de gas natural licuado y otros combustibles. Este bloqueo se convirtió en una herramienta de presión estratégica.
En paralelo, Irán intensificó sus ofensivas con nuevos lanzamientos de drones y misiles hacia Israel y países aliados de Estados Unidos en el Golfo. Algunos ataques alcanzaron instalaciones energéticas, puertos y objetivos militares en distintos países de la región. Las ofensivas también incluyeron ataques contra barcos comerciales y contra infraestructuras vinculadas a la exportación de petróleo. En Bahréin se reportaron impactos contra tanques de combustible, mientras que en otros países del Golfo se activaron sistemas de defensa aérea ante nuevas oleadas de proyectiles. Estas acciones forman parte de la respuesta iraní a los ataques iniciales contra su territorio.
El impacto inmediato del conflicto se reflejó en los mercados internacionales de energía. El precio del petróleo Brent superó nuevamente los 100 dólares por barril tras los ataques a barcos y la interrupción del tránsito marítimo. En algunos momentos de la crisis el precio llegó a superar los 119 dólares, niveles que no se observaban desde 2022. Analistas estiman que la guerra redujo temporalmente la producción global en alrededor de 10 millones de barriles diarios. Ante el riesgo de escasez, varios países comenzaron a liberar reservas estratégicas para estabilizar el mercado. La Agencia Internacional de Energía anunció la liberación de cientos de millones de barriles para amortiguar el impacto en los precios.
Las consecuencias también se trasladaron a los mercados financieros globales. La suba del petróleo provocó caídas en bolsas internacionales y una mayor volatilidad en los activos financieros. En Estados Unidos, los principales índices bursátiles registraron retrocesos mientras los inversores reaccionaban al aumento de los costos energéticos. El encarecimiento del combustible afecta especialmente a sectores intensivos en transporte como la aviación y el turismo. Además, economistas advierten que el shock energético podría presionar la inflación y ralentizar el crecimiento económico en varios países.
Mientras continúan los enfrentamientos, Irán sostiene que mantendrá la presión en el estrecho de Ormuz como parte de su estrategia frente a Estados Unidos e Israel. El nuevo liderazgo iraní afirmó que la interrupción del tránsito marítimo seguirá siendo utilizada como herramienta de negociación en el conflicto. Por su parte, Washington y sus aliados evalúan medidas militares y logísticas para proteger el transporte energético en la región. Entre las opciones analizadas se encuentra el despliegue de escoltas navales para los buques petroleros. Sin embargo, la situación en el Golfo continúa siendo altamente inestable y sin una resolución inmediata a la vista.