21/04/2026
La Universidad de Buenos Aires convirtió el miércoles pasado la habitual protesta por condiciones dignas en una demostración concreta de lo que está en juego cuando falta presupuesto y presencia: salud, educación y con ellas, acceso público. Con una jornada de visibilización en distintos puntos de la ciudad, la universidad realizó tanto como clases públicas, talleres, muestras científicas y atención gratuita en odontología, veterinaria y otras especialidades, en reclamo por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y por mejoras salariales para docentes y no docentes.
La actividad tuvo su epicentro en Plaza Houssay y alrededores, en la Facultad de Farmacia y Bioquímica, aunque se replicó en otras sedes de la UBA. Desde temprano, incluso con lluvia, se formaron largas filas, algunas de más de una cuadra, de ciudadanos que se acercaron para recibir atención gratuita. La escena resumió el espíritu de la jornada: en vez de suspender tareas para mostrar el conflicto, la universidad decidió hacer más visible su rol social atendiendo a la comunidad.
La modalidad elegida fue bautizada como “paro a la japonesa”, un paro distinto que busca expresar protesta sin paralizar por completo la actividad institucional. En lugar de cerrar las puertas, docentes, estudiantes y profesionales trabajaron durante horas para ofrecer servicios que, en la práctica, suelen tener una demanda muy alta y costos inaccesibles para varios de los sectores más vulnerables de la población. Entre los más solicitados estuvieron odontología y veterinaria, donde hubo esperas prolongadas y una asistencia sostenida durante toda la jornada.
El reclamo de fondo es claro: la comunidad universitaria exige que el Gobierno cumpla con la ley de financiamiento aprobada y que se avance en la recomposición salarial. Desde la UBA sostienen que el desfasaje presupuestario afecta drástica y directamente la calidad tanto de la enseñanza y el nivel como la atención y las condiciones de infraestructura. La protesta, además, se inscribe en una convocatoria más amplia del sistema universitario nacional, que viene advirtiendo sobre el deterioro de los recursos destinados a la educación superior pública mucho antes que desde el gobierno de Javier Milei, pero que se ve afectado por su discurso reformista que hace desencadena en mas ajuste.
La jornada también funcionó como una forma de mostrar qué es lo que verdaderamente hace la universidad en la cancha, cuando se encuentra en una situación en la que cuenta con condiciones tan insuficientes para sostener su tarea. Hubo clases magistrales abiertas,asesoramiento legal y económico gratuito, talleres, muestras científicas y servicios de salud en distintas áreas. La consigna implícita fue que la universidad pública no solo enseña y se queda estancada en la teoría: también atiende, acompaña y produce soluciones concretas por y para la comunidad.
En la Facultad de Odontología, por ejemplo, se realizaron prácticas y tratamientos de distinta complejidad, desde controles básicos hasta procedimientos más avanzados. La convocatoria apuntó a que los pacientes de todos los rangos etarios y sociales pudieran acercarse sin costo. Para aquellos que pudimos presenciarlo, siendo o no atendidos, la escena fue una postal potente del vínculo entre universidad y sociedad, más bien como se retroalimentan constantemente.
La protesta dejó además una imagen política difícil de pasar por alto: en medio del ajuste y de la discusión sobre el rol del Estado, la UBA esta vez optó por otra protesta diferente a la usual, eligió mostrarse activa, importante ,abierta y sobre todo útil. No fue una jornadadesde la ausencia y la quietud, sino de presencia. No hubo silencio, sino una intervención pública que buscó convertir el reclamo en servicio y el conflicto en evidencia.
Con filas eternas, clases abiertas y atención gratuita, la universidad puso en escena una advertencia que excede el día de protesta: si no hay financiamiento suficiente, se resiente el acceso a todo esto que está pasando; educación, la salud y el conocimiento. Y, al mismo tiempo,nos recordó como la universidad pública sigue siendo uno de los pocos espacios capaces de convertirse en una comunidad, que gesta entre tanto sacrificio como una respuesta concreta y accesible para la sociedad.