24/11/2025
El encuentro entre Donald Trump y Zohran Mamdani en la Casa Blanca dejó una escena inesperada que se viralizó en las redes en cuestión de minutos. En medio del saludo formal, un periodista le preguntó al alcalde electo de Nueva York si todavía creía que Trump era un fascista. Antes de que Mamdani respondiera, el propio presidente intervino y bromeó, “Está bien, podés decir que sí. Es más fácil que explicarlo.”
A primera vista, la frase puede leerse como un gesto simpático. Trump pareciera estar restándole importancia a una acusación pesada y eso lo posicionaría como alguien que no se deja afectar por los calificativos que recibe. Pero detrás de esa liviandad también puede haber una estrategia, la de evitar que Mamdani se explaye en una crítica que podría incomodarlo en vivo y quedarse con una intervención más breve y controlada.
Pero tras esa intervención de Trump, que buscó evitar que Mamdani se explayara, el alcalde no dudó en completar la frase. Confirmó que sí, que sigue creyendo que el presidente es un fascista, tal como había expresado en reiteradas oportunidades desde hace años. Lejos de suavizar su postura ante las cámaras, se rió algo incomódo al momento de responder, pero acabó por igualar la postura relajada del presidente. Esa reafirmación dejó claro que el gesto amable del intercambio no modificó su diagnóstico político, aunque ambos insistieron en que podían trabajar juntos en temas concretos para Nueva York.
Vale recordar que previamente Mamdani ha descrito a Trump como un déspota y como una amenaza para la vida democrática. Desde su campaña en Queens viene alertando sobre lo que considera inclinaciones autoritarias en el estilo de liderazgo del republicano. Trump también ha devuelto críticas en su momento, apuntando contra el ala progresista del partido demócrata, señalándolos como radicales y acusándolos de dañar la seguridad y el crecimiento económico. El vínculo siempre fue tenso, con diferencias ideológicas profundas.
Por eso sorprendió que se encontraran en la Casa Blanca. Mamdani explicó después que fue él quien pidió la reunión porque debía representar a Nueva York más allá de cualquier diferencia personal. Aseguró que necesitaba llevar a la mesa temas urgentes para la ciudad, desde el costo de vida hasta la vivienda y la seguridad. En el encuentro hablaron de la agenda de asequibilidad, coincidieron en la necesidad de presionar a Con Edison para bajar sus tarifas y discutieron cómo coordinar políticas que alivien el peso económico sobre los neoyorquinos. Trump, por su parte, resaltó la importancia de trabajar juntos y presentó la reunión como productiva, incluso amistosa.
La ciudad vive una crisis de asequibilidad profunda, ya que los alquileres han explotado con la renta mediana superando los 4.000 dólares en algunos barrios. Además, Mamdani propone congelar los alquileres de más de un millón de departamentos regulados para aliviar esa carga. Al mismo tiempo, su plan contempla la construcción de 200.000 viviendas asequibles en la próxima década, algo que él considera indispensable para frenar el éxodo de inquilinos y la desigualdad habitacional.
Pero la presión no viene solo de la renta. Las tarifas de servicios públicos también están asfixiando a muchos neoyorquinos. Con Edison, la principal empresa de energía, ha propuesto nuevas subas en sus facturas, lo que profundiza el desgaste financiero de las familias con menores ingresos. Frente a eso, Mamdani impulsa la “NY HEAT Act”, una iniciativa para frenar los aumentos y modernizar el sistema energético, con el fin de que la calefacción y la electricidad dejen de ser privilegios para unos pocos. Trump dijo que iba a “hablar con Con Edison” y que las tarifas “tienen que bajar"; gesto con el que ambos políticos acaban por ponerse de acuerdo pese a las diferencias que un principio parecian irreconciliables.