RIGI, la gran apuesta de Milei que divide a la Argentina
El proyecto de Javier Milei promete inversiones millonarias y estabilidad económica, pero reabre el debate sobre los límites del modelo extractivo. Organismos piden revisar su alcance.

Escribe: Victoria Basualdo

RIGI, la gran apuesta de Milei que divide a la Argentina

Foto: Construcciones en Vaca Muerta por Brazil Energy Insight

10/11/2025

En medio de la eterna búsqueda de dólares y estabilidad que atraviesa la Argentina, el gobierno de Javier Milei impulsa el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) como bandera de su política económica. La medida, incluida en la Ley de Bases, ofrece beneficios impositivos, cambiarios y aduaneros por treinta años a empresas que inviertan más de 200 millones de dólares en sectores como energía, minería, tecnología o infraestructura. Según el oficialismo, el objetivo es atraer capital extranjero, generar empleo y reactivar un país "golpeado por la recesión".

Pese al optimismo libertario, muchos califican la medida de "entreguista" y "extractivista". Organizaciones como la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) advierten que el RIGI reduce al mínimo los controles ambientales y otorga a las corporaciones una estabilidad jurídica que podría limitar al Estado durante tres décadas. “Es una cesión de soberanía a cambio de promesas de inversión”, señalan los ambientalistas, que también alertan sobre el riesgo de degradar ecosistemas y desplazar comunidades locales.

El gobierno defiende el régimen bajo el argumento de la necesidad; ya que sin previsibilidad, aseguran, los grandes fondos no llegarán. Milei sostiene que la Argentina debe “dejar de ser hostil con el capital” y transformarse en un territorio abierto al mundo. En ese sentido, el RIGI se presenta como una “alfombra roja” para empresas que busquen aprovechar los recursos naturales del país, desde el gas de Vaca Muerta hasta el litio del norte.

Pero las inversiones todavía no aparecen con la fuerza esperada. De los 19 proyectos que el Ejecutivo promocionó al presentar la Ley de Bases, apenas siete avanzaron formalmente, con montos que no superan los 13 mil millones de dólares. Analistas sostienen que, pese a los incentivos, persisten dudas sobre la estabilidad política y el futuro del tipo de cambio. “El marco es atractivo, pero el contexto argentino sigue siendo frágil”, reconocen fuentes del sector energético.

Según un informe del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), el RIGI “consolida un modelo de inserción internacional subordinado al capital transnacional”, ya que privilegia las exportaciones de materias primas por sobre la producción con valor agregado local. El documento sostiene que la norma “reproduce el patrón extractivista de las últimas décadas” y advierte que, bajo el argumento de atraer inversiones, “el Estado resigna su capacidad de orientar el desarrollo”.

El debate no es sólo económico. Lo que se discute de fondo es qué tipo de desarrollo se quiere para el país; si uno basado en la explotación intensiva de recursos naturales o un modelo con valor agregado, tecnología y equidad territorial. Para los críticos, el RIGI consolida la primera opción y profundiza la dependencia del capital extranjero. Para el gobierno, en cambio, se trata del primer paso hacia una nueva era de crecimiento.

Mientras tanto, provincias del norte y la Patagonia reclaman mayor autonomía para decidir sobre los proyectos que afecten su territorio, y legisladores opositores preparan iniciativas para revisar los alcances del régimen. La discusión se traslada a los despachos, donde el entusiasmo por atraer inversiones choca con el temor a hipotecar el control nacional sobre los recursos.

Según datos oficiales y estimaciones privadas, el impacto real del RIGI recién podrá evaluarse en los próximos años, cuando los proyectos presentados comiencen a ejecutarse y generen resultados concretos en inversión, empleo y exportaciones. Mientras tanto, el debate continúa abierto entre quienes lo consideran una herramienta necesaria para recuperar la confianza internacional y quienes lo ven como un retroceso en materia de soberanía económica y ambiental.

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