Perú destituye a José Jerí en medio de denuncias por corrupción y profundiza su crisis política
El Congreso peruano destituyó al presidente José Enrique Jerí Oré tras una votación marcada por denuncias de corrupción y cuestionamientos a su conducta funcional. La decisión, que se produjo luego de que el Parlamento debatiera su permanencia en el cargo, convierte al mandatario en el séptimo jefe de Estado removido en la última década.

Escribe: Santiago Saenz Rozas

Perú destituye a José Jerí en medio de denuncias por corrupción y profundiza su crisis política

El pais ha tenido 9 presidentes en la última década

18/02/2026

El Congreso de Perú aprobó la destitución del presidente José Enrique Jerí Oré tras una sesión en la que se debatió su permanencia en el cargo en el marco de acusaciones por presuntos hechos de corrupción. La votación selló la salida del mandatario, que había asumido de manera interina meses atrás, y abrió un nuevo capítulo en la prolongada crisis institucional que afecta al país suramericano.

 

La discusión parlamentaria se centró en cuestionamientos vinculados a presuntas irregularidades y a la idoneidad del jefe de Estado para continuar al frente del Ejecutivo. Legisladores de distintos bloques sostuvieron que los hechos investigados comprometían la investidura presidencial y justificaban la aplicación del mecanismo constitucional de vacancia. Finalmente, el Congreso reunió los votos necesarios para aprobar la destitución.

 

La decisión se produjo luego de que se hicieran públicas denuncias relacionadas con reuniones y gestiones que no habrían sido debidamente registradas en la agenda oficial, así como posibles vínculos con empresarios. Estas situaciones motivaron pedidos de explicaciones y derivaron en el impulso formal del proceso en el Parlamento. Durante el debate, los impulsores de la medida argumentaron que el mandatario había incurrido en conductas incompatibles con la función pública.

 

Jerí había llegado a la Presidencia tras la salida de su antecesora, Dina Boluarte, en un contexto de fuerte tensión política. Su asunción se produjo como parte de la línea de sucesión prevista por la Constitución, luego de desempeñarse como titular del Congreso. Desde entonces, su gestión estuvo atravesada por un escenario de fragmentación parlamentaria y disputas entre el Ejecutivo y el Legislativo.

 

Con su destitución, Perú suma un nuevo presidente removido antes de completar el mandato en los últimos diez años. En ese período también fueron desplazados otros jefes de Estado, entre ellos Pedro Castillo, en un proceso que consolidó una dinámica de inestabilidad institucional recurrente. La reiteración de cambios en la cúpula del poder ha sido señalada por analistas como uno de los principales factores de incertidumbre política en el país.

 

Durante la sesión que definió su futuro, Jerí rechazó las acusaciones en su contra y sostuvo que no había cometido irregularidades. Según expuso, los encuentros cuestionados no implicaron actos ilegales ni favorecimientos indebidos. No obstante, sus argumentos no lograron revertir la posición mayoritaria de los legisladores, que consideraron que existían fundamentos suficientes para avanzar con la vacancia.

 

La resolución del Congreso implica que el país deberá activar nuevamente los mecanismos de sucesión establecidos por la normativa vigente. En este esquema, la presidencia interina recae en quien ejerza la titularidad del Parlamento, hasta tanto se garantice la continuidad institucional o se concrete la transición prevista.

 

La destitución se produce en un contexto político sensible, con el calendario electoral en marcha y con múltiples candidaturas en disputa. La sucesión de presidentes en la última década ha impactado en la percepción pública sobre la estabilidad de las instituciones y ha generado debates acerca del uso del mecanismo de vacancia por “incapacidad moral”, figura contemplada en la Constitución peruana y aplicada en varios de los procesos de remoción.

 

La reiteración de crisis entre el Ejecutivo y el Legislativo ha derivado en un escenario en el que los mandatos presidenciales se ven condicionados por la correlación de fuerzas en el Congreso. En este caso, la acusación por presuntos actos de corrupción fue el detonante que aceleró la votación y definió la salida del jefe de Estado.

 

Con la destitución ya hecha realidad, Perú enfrenta nuevamente el desafío de sostener su gobierno en un escenario marcado por la polarización política y la desconfianza ciudadana. El recambio en la Presidencia se suma a una serie de episodios que, en la última década, configuraron un ciclo de inestabilidad que no ha logrado resolverse de manera estructural.