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Caída en el stock ganadero y tipo de cambio, ¿Cuánto incide?

Gastón Rinaldi

Escribe: Gastón Rinaldi

Economista. Productor. Asesor. www.ecoganadera.com.ar

30/03/2024

 

Lejos del análisis simplificador (y con consecuencias no menores) de llevar todo el debate sobre el nivel de tipo de cambio, el análisis de la estructura de decisión de cada uno de los integrantes de la cadena de ganados y carnes da una visión alternativa del sector.

Elaboración propia, datos publicados por SENASA

Cuando se plantean las comparaciones entre la Argentina y diversos países, las cifras de producción ganadera lejos están de ser lo competitivas que el imaginario popular cree.  Indicadores como tasas de extracción, eficiencia de stock, y porcentajes de destete no son los más alentadores.

Mucho se habla de la revolución tecnológica y de información ganadera, lo cual evidentemente tiene cierta incidencia, pero en un mundo como el actual, atribuir el bajo resultado de los indicadores duros a la falta de tecnología es al menos subestimar la cuestión.

Y en este contexto aparece el productor ganadero, como pieza fundamental en el análisis, tratando de ser ganadero y

racional en un país que no pretende ser más que ideologías y emociones.

La primera decisión que enfrenta, es a qué tipo de producción orientarse, tarea no sencilla dado el abanico de opciones.

La inestabilidad en los precios relativos y costos de oportunidad distorsiona las decisiones de producción.  La comparación de actividades como la cría, recría o agricultura, en zonas de transición depende de los costos relativos, que son altamente inestables, con lo cual la proyección a largo plazo resulta impracticable, más aún, considerando que la actividad del criador implica necesariamente plazos extensos.  Cuando uno observa la variabilidad de los índices ternero/novillo o vaca/ternero, la señal que recibe el productor, es una alteración en la estructura productiva (largo plazo) por una volatilidad coyuntural (corto plazo).

La producción final de un establecimiento ganadero es función del aprovechamiento de la tasa de crecimiento de las pasturas y pastizales.  En un contexto de constante pérdida del poder adquisitivo del dinero, e imposibilidad de acceder a una moneda como resguardo de valor (dólares), el stock de animales pasa a cumplir esa función, alterando así el potencial productivo del campo.  Dicho en otras palabras, no se venden los animales cuando se debe para resguardad valor, con la consiguiente sobrecarga en el campo y sus consecuencias negativas para la producción futura.

Dado que lo patrimonial y el factor precios estacional cobra mayor peso que lo productivo y el largo plazo, y dado que como país, el 75 % de las exportaciones se dirigen (hasta el 2024) a China y no hay destino para los cortes de valor, los precios de las vacas para faena, y la falta de precio y mercados para novillos lleva a acciones con consecuencias directas sobre la tasa de faena de hembras, minando así la posibilidad de aumentar la producción futura de carne.

Elaboración propia, con datos del Ministerio de Economía, secretaria de agricultura ganadería y pesca.

De la micro a lo macro

Dado el esquema de decisión del productor, donde su actuar deviene del contexto en que se encuentra, la articulación con otros productores, y otros eslabones de la cadena posee determinadas características que hacen que la actividad en su conjunto, sortee cualquier crisis y marco, pero que no alcance el potencial que podría desarrollar.

Cada eslabón de la cadena, productores, frigoríficos, distribuidores, comercializadores, operan en el mismo marco de incertidumbre, de señales de precios difusas, con imposibilidad de calcular claramente sus indicadores económicos.  En este contexto, cada agente en particular, toma acciones que van orientadas a sobrevivir, esto es, defenderse ante la incertidumbre y macro adversas, llevando a una menor actividad en toda la cadena de valor.  Y la eficiencia dentro de la cadena se logra con más actividad, con más transacciones entre las partes, que sean base para la decisión de cada actor incluido en ella, y que permita ampliar y competir en los mercados.

En economía, estos costos por inestabilidad, falta de precios claros y horizontes cortos se conoce como costos de transacción. Estos impiden crecer en escala y aumentar la eficiencia productiva en cada actividad.  De alguna manera son los costos por los cuales “no hacer” termina siendo una solución superadora a “hacer” y se cae en un bucle de ineficiencia y baja producción.

Tipo de cambio, ¿cuánto pesa?

Claro que impacta el tipo de cambio, en el resultado de quien comercializa un bien que tiene cierta relación con el mercado internacional.  Pero pretender que toda la rentabilidad devengue de un tipo de cambio elevado no es más que la simple búsqueda de felicidad que puede aspirar un adicto.  Arbitrar tipos de cambio genera flujos artificiales en sentidos que pueden ir a favor o en desmedro de algún sector, pero que de ninguna manera solucionan problemas estructurales y de mercado.

Un tipo de cambio elevado, generaría mayor rentabilidad, pero no necesariamente implicaría mayor dinamismo en el sector.  El dinamismo y el aumento de producción del sector, está vinculado al futuro, a una fuerte orientación a resignar ingresos presentes por futuros.  Aumentar el stock ganadero, implica retener mas vientres, lo cual a corto plazo genera una retracción de la oferta (no faenar vientres).  Si no hay una mirada de largo plazo con un horizonte de estabilidad y confianza, un tipo de cambio elevado no generaría mayor producción, sino tal vez, el efecto paradójico de un aumento de la faena de hembras, si dicho tipo de cambio no se da en un contexto de mercados abiertos.

El país cuenta con condiciones geográficas, climáticas y una gestión del negocio y producción ganadera que nos pondría en el podio mundial de la carne.  Esas condiciones nunca fueron un tipo de cambio determinado.  Es la suma de factores productivos, más un conocimiento cultural de lo que es la ganadería.  Los procesos de liquidación de vientres (como el que se ha dado hasta inicios del 2024), y baja producción son consecuencias de contextos institucionales, demonización del sector, falta de previsibilidad y un contexto que solo promueve una actitud defensiva, de defensa del patrimonio y no de una maximización de producción y reducción de costos.

El horizonte

La ganadería argentina tiene condiciones de sobra para lograr competir y generar valor y desarrollo.  Una historia ganadera, con fuertes conocimientos de lo que es la fábrica a cielo abierto, con un crisol de climas y suelos capaces de adaptarse a cada una de las fases del proceso son un capital necesario y valioso para competir en el mundo.  Y es que el desarrollo vendrá de la mano de integrarse en la economía mundial.  Tener la posibilidad de buscar nuevos y más valiosos mercados traccionaría de forma contundente, además de bajar los riesgos de tener casi exclusivamente como destino a China para los cortes de baja calidad.  Más transacciones, mas acuerdos, precios estables y conocidos, dinamizarían el sector y las cadenas de ganados y carnes articularían de manera de incrementar la producción

Gastón Rinaldi

Economista, Productor, Asesor

www.ecoganadera.com.ar

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