El retroceso cultural que se está viviendo tras el auge del feminismo y el progresismo social

El refugio del ayer

Victoria Basualdo

Escribe: Victoria Basualdo

08/11/2025

Los discursos políticos son cíclicos, así como la moda. Lo que en una temporada determinada alcanza su máxima popularidad y aceptación social, en la siguiente se convierte en los zapatos de ayer que ya nadie quiere usar. Aunque quizá, pasados unos años, aquellos mismos zapatos se desentierren del fondo del armario y el dueño se los vuelva a poner. De esa misma manera funcionan los discursos políticos prefabricados, que se reinventan y mueven algunas palabras de lugar (e incluso quizá toman algunas palabras de otro discurso que en antaño se consideraba enemigo), y vuelven a aparecer con una cara nueva; pero eso es de hecho lo único diferente que tienen para ofrecer.

Lo cierto que es que toda ola tiene su contraola, es la naturaleza misma. Tras el auge del feminismo en 2018, 2019 y 2020; era de esperar la reaparición de la idea de "valores tradicionales" y "Dios, patria y familia". Este nuevo/viejo orden no es casual, ya que resulta la respuesta perfecta a la crisis social que generó el anterior. Los jóvenes, al buscar diferenciarse de sus antecesores y plantear temas que no estaban en la mesa (no solo el feminismo, sino también la diversidad sexual, el ambientalismo o los debates sobre identidad), han quedado abrumados ante tantas nuevas preguntas y tan pocas respuestas. El conservadurismo brinda aquel confort que se creía perdido, uno que resulta familiar y seguro, porque lo ven en sus padres, en sus abuelos, en su historia. Es la promesa de que funcionó (no importa si bien  o mal, simplemente funcionó) y de que volverá a hacerlo. 

Hay cientos de ejemplos que sirven para ilustrar este punto. Uno de los que más resuena en las redes es el concepto de "tradwife" que vendría a representar la contracara del feminismo. Entre tantos ideales, como la igualdad y la ruptura de estructuras patriarcales, el feminismo promovía que las mujeres tomaran sus propias decisiones respecto de lo que querían para su vida, como ser o no madres, trabajar o no trabajar, en fin, tener libertad de elección. Las tradwives son mujeres que muestran su estilo de vida tradicional, en el que son amas de casa y crían a sus hijos mientras su marido se va todo el día a trabajar. Cocinan y limpian con una sonrisa en la cara, una voz dulce y cero quejas o preocupaciones, y hacen de ello todo un discurso político. El mensaje implícito es "vos, mujer, que no estás haciendo lo que hago yo, te estás desperdiciando. Nunca te vas a sentir completa sin este estilo de vida". Porque según ellas, no hay nada que haga más feliz a una mujer que sentirse aceptada y amada por su marido. No existe nada más. Por supuesto, esto despierta una reacción. Los cometarios de estos videos están repletos de hombres que las halagan y piden que les toque "una así", porque las mujeres de ahora no saben que es lo que ellos quieren, lo que necesitan.

También es cierto que la cultura de la cancelación ha afectado profundamente la manera de las personas de expresarse, pero no de la manera que se cree. En 2020, bastaba con un twit poco afortunado, un chiste, o un comentario auténticamente malicioso (podía ser cualquiera de las tres, sin diferenciaciones de gravedad) para que la sociedad te criticase y repudiase por completo. Si se trataba de un famoso, podía a llegar a perder incluso su trabajo y desaparecer de la industria. Con el tiempo, la gente se hartó de que un movimiento que un principio buscaba denunciar situaciones de agresión o violencia, se convirtiese en una manera de censurar a alguien si decía algo que no te gustaba. Así que ahora la cosa funciona al revés, aquel con el comentario más repudiable se lleva la mayor cantidad de aplausos.

Al final, todo vuelve, pero nunca igual. Los discursos conservadores de hoy no son una simple copia del pasado, ya que se adaptan a los miedos del presente. En una época tan inestable, prometer orden y pertenencia suena tentador. Tal vez por eso, más que una batalla entre progreso y tradición, lo que se ve es una búsqueda desesperada por evitar crear interrogantes más grandes de lo que se está dispuesto a responder.

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