09/12/2025
La estética old money dejó de ser un fenómeno aislado en TikTok para convertirse en una marca generacional. Lo que empezó como un conjunto de videos que mostraban outfits inspirados en familias tradicionales europeas y estadounidenses (que buscaban representar un estilo de vida determinado y generar una marca identitaria) hoy se traduce en looks cotidianos que aparecen en las calles argentinas. La tendencia se reconoce por su paleta neutra, prendas clásicas y un aire de elegancia atemporal.
El estilo nació en el 1800 en familias europeas de alta alcurnia, que buscaban diferenciarse "moralmente" de la nueva clase social emergente, la burguesía. Querían demostrar que no eran iguales a aquellos cuyo dinero no venía de generaciones pasadas, sino que resultaban los primeros en su linaje en generar riquezas. Irónicamente, su primer boom en Argentina fue con el menemismo, cuando comenzó a ser utilizado por los nuevos ricos.
En la actualidad tuvo su comeback mediante redes sociales, en las que el estilo se construyó como una especie de cápsula estética con sweaters de hilo, pantalones sastreros, mocasines, camisas Oxford y accesorios mínimos. Nada estridente, nada demasiado llamativo. La consigna es transmitir sobriedad. Influencers locales adaptan la tendencia a la realidad argentina, mostrando cómo lograr ese “look heredado” sin necesidad de grandes gastos.
Una de las claves de su crecimiento es la accesibilidad. Aunque la estética remite a un estilo de vida históricamente asociado a sectores de alto poder adquisitivo, su implementación en Argentina se volvió democratizada. Ferias americanas, locales de segunda mano y marcas nacionales con líneas básicas permiten recrear el look sin grandes presupuestos. Muchos jóvenes aseguran que el atractivo está justamente en esa posibilidad de “verse bien con poco”, sin depender de tendencias efímeras o prendas difíciles de conseguir.
El contexto económico también tuvo un papel importante. Entre la inflación sostenida, los salarios ajustados y una sensación general de inestabilidad, el old money resulta una estética de refugio,un gesto simbólico de control frente a un entorno impredecible. Especialistas en comportamiento juvenil señalan que esta búsqueda de “estabilidad visual” se volvió central en los consumos culturales de la generación Z.
La influencia de las redes sociales terminó de consolidar la tendencia. Videos de rutinas matutinas, habitaciones ordenadas, desayunos minimalistas y música suave se combinaron con outfits clásicos para dar forma a un universo aspiracional pero alcanzable; porque el old money no es solo ropa, es un estilo de vida. A diferencia de otras estéticas que se construyen sobre la extravagancia o lo disruptivo, el old money se apoya en la idea de permanencia; en la que nada pasa de moda, nada queda fuera de lugar, nada es demasiado.
En paralelo, las marcas locales aprovecharon el auge. Varias firmas de indumentaria incorporaron líneas en tonos beige, blanco, azul marino y verde musgo, con tejidos clásicos y siluetas rectas. El crecimiento del consumo de segunda mano también contribuyó a darle volumen a la tendencia, ya que prendas que hace una década eran consideradas “aburridas” o “de gente grande” hoy se revalorizan como símbolos de estilo, como los sweaters de lana.
La expansión del old money convive con otras corrientes estéticas urbanas como el streetwear, el Y2K o el quiet luxury, pero se diferencia por su linealidad. Más que una moda puntual, se presenta como un estilo de vida ordenado, sobrio y predecible. En un mundo acelerado y saturado de estímulos, esa coherencia visual resulta atractiva y fácil de replicar.
Aunque su futuro todavía es incierto, como ocurre con cualquier tendencia viral, especialistas en consumo estiman que seguirá presente en los próximos meses. Las combinaciones simples, la versatilidad de las prendas y la facilidad para adaptar el estilo a distintos presupuestos permiten que el old money se mantenga vigente mientras sigan circulando contenidos que refuercen su estética. Además, cabe recordar que la moda es cíclica, y así como es posible que se vaya, es seguro que volverá.